domingo, 11 de marzo de 2007

LA PRIMERA SIEMBRA DE TRIGO EN EL RIO DE LA PLATA



Sebastián Gaboto dio la orden de desmontar una porción de tierra para dedicarla a la siembra de las semillas europeas que él había traído. El desmonte ya había comenzado con la tala de grandes árboles que se habían utilizado para el muro y construcción del fuerte y que se amontonaban para hacer la empalizada de la ciudad en gestación. La idea de colonizar se incubaba en Gaboto desde su embarque en España y si bien ya había un punto de partida para la iniciación de una colonia maicera, dada las posibilidades naturales de este cereal autóctono, quiso ensayar con el trigo que había traído cuidadosamente en sus bodegas y había preservado a toda costa durante las penurias que tuvieron que pasar sus barcos en las costas del Brasil. Amante del orden y de la disciplina Gaboto escogió a uno de sus hombres para encargarle esta tarea. Se llamaba Sebastián de Reyna y fue nuestro primer agricultor.
El Capitán General le entregó cincuenta granos de semillas de trigo que Reyna plantó celosamente y al cabo de tres meses las mieses doradas dieron como fruto muchos granos más, lo que demostró que la tierra era ubérrima, "muy sana y de muchos frutos", como decía el corresponsal Luis Ramírez en una carta fechada el 10 de Julio de 1528 dirigida a su padre en España y en la que se hacía una reflexión de que lo que estaba contando "parecía cosa misteriosa".
Ya cumplida la experiencia, Gaboto no trepidó en utilizar la tierra desmontada para preparar las cosechas. Sebastián de Reyna ayudado por las mujeres fue quien tuvo a su cargo la siembra. Gaboto mismo entregaba las semillas diariamente con particular avaricia y con muchas recomendaciones para que ninguna se perdiese y fuese pasto de los pájaros. Reyna sabia su obligación y por eso defendía el sembrado día y noche, combatiendo los yuyales, las vizcachas y otros bichos dañinos para la agricultura y sobre todo espantando a los pájaros que se lanzaban sobre la tierra removida o sobre las rubias espigas.
Tanta era su preocupación que sus compañeros le apodaron "espantapájaros". Sebastián de Reyna sabía que la riqueza no estaba tanto en lo que Gaboto buscaba, sino que el tesoro más preciado se escondía en cada surco que abría a fuerza de cuchillo. Los conquistadores habían lanzado sus naos en pos de la quimera del oro y de la plata, sin darse cuenta que en el vientre de esa tierra pampa estaban los yacimientos más pródigos.
El veneciano había contado las jornadas para llegar al mar y en sus planes estaba desplazarse hacia el norte y fundar nuevas poblaciones. Sancti Spiritus podría ser el centro de aprovisionamiento, una especie de capital del adelantamiento, para irradiar desde allí todos los embarques de víveres que pudieran producir las feraces tierras cultivadas, dada su proximidad con el gran océano.
Terminó de leer el Gabotero y quedó como siempre con sus pensamientos.
Le había picado la curiosidad aquella experiencia de los cincuenta granos de que habla Ramírez y que fácilmente cabían en su mano de niño.
Tan nimio era aquello frente a la grandiosidad de la epopeya y tan colosal veía la talla de Sebastián Gaboto que le parecía inconcebible que el gran navegante se entretuviese en contar cincuenta granos de trigo. No advertía que en los grandes acontecimientos trascienden las cosas pequeñas, pero a la vez reconocía que como fuente documental el Lugareño había estado muy feliz al citarla.
Por un azar de las cosas, en la colonia de Gaboto se sembraba poco trigo en ese momento (década de 1920), y el Gabotero, de acuerdo a la impresión que le produjo lo leído, se hizo la imagen de que los aledaños debían ser un mar ondulante de mieses. Tuvo presente de pronto a un amigo suyo, un joven empleado calificado en el embarcadero de Dreyfus, que todos conocían como Jacintito y a quien podía preguntarle algo sobre el particular. Al día siguiente lo esperó en la puerta del Correo, donde su amigo venía a despachar cotidianamente la correspondencia, muestras de cereales y telegramas. Apenas se desocupó de sus despachos y mensajes, el Gabotero lo abordó y le hizo la pregunta: —Dime Jacintito, por qué siendo aquí donde se sembró y cosechó por primera vez trigo en el país hay muy pocos campos sembrados con ese cereal?
Jacintito quedó sorprendido con la demanda. Estaba desde niño trabajando en el puerto donde había ingresado como cadete y no obstante su experiencia en la exportación de granos, especialmente de trigo y de maíz, a nadie se le había ocurrido hacerle semejante pregunta, pero con el propósito de satisfacer la inquietud infantil del Gabotero, trató de darle una explicación.
—En el tiempo en que desembarcó Sebastián Gaboto ya los indios timbúes tenían su cultivo propio que era el maíz. Era uno de sus principales alimentos vegetales que ellos sabían preparar de distinta manera, pisándolo en los morteros o reduciéndolo a harina por el mismo medio. Cuando los españoles introdujeron el trigo en la zona, lo hicieron en una escala menor que los cultivos indígenas y desgraciadamente tuvieron que abandonar la región después de muy pocas cosechas. Los indios eran muy tradicionalistas y si bien los conquistadores les enseñaron a algunos de ellos a preparar el pan, aquella industria no prosperó y los cultivos dejados se fueron perdiendo poco a poco.
Han pasado varios siglos desde aquel acontecimiento y los aborígenes siguieron a través del tiempo con su cultivo tradicional, que a decir verdad, era muy favorecido por el clima. El trigo se comenzó a cultivar de nuevo a fines del siglo pasado, pero como nuestro territorio es tan grande se encontraron otras regiones cuyo suelo y clima son más favorables para su desarrollo y rinde. Por eso aquí prevalece el cultivo del maíz que se adapta mejor a las condiciones del suelo y de la atmósfera y que por otra parte, así corresponde que sea, por prioridad y para conservar la tradición indígena. Aquí todos somos de origen nativo y criollo, por eso dejamos que algunos gringos cultiven las doradas mieses que a la vez nos recuerdan a Sebastián de Reyna y a las mujeres del fuerte que lo sembraron por primera vez. Pero Gaboto no estuvo lejos de la realidad al hacer sembrar aquí esta variedad europea de cereal, pues es en la provincia de Santa Fe donde se estableció la primer colonia agrícola argentina cultivadora de trigo y en la cual Carlos Casado y Aarón Castellanos, respectivamente pusieron los mojones históricos, dando lugar a una corriente exportadora desde los puertos del Litoral, entre ellos el nuestro, que alimentan a los progresistas o sufridos pueblos de Europa.

PUERTO GABOTO.
La Historia Argentina comienza en 1527
Amadeo P. Soler



La primera siembra de trigo

Trigo y cebada; cebada y trigo fue la alternativa para probar la fecundidad del terreno. Las rozas o sembradíos, cuidados con tanto esmero por los nuevos pobladores, al punto que abandonaban las guardias al alba para ir a cuidarlos, eclosionaban majestuosos, con una potencia y vigor que dejaba asombrados a los más optimistas.
La tierra se mostraba maravillosa. Era cuestión de entregar en su húmedo seno la semilla pesada y lustrosa que trajo Gaboto, para que sus preciosos jugos hicieran el resto. No había necesidad de practicar el clásico laboreo de alzar, binar, terciar y cuartar la tierra. Tampoco de observar la rigurosa llegada del otoño para hacer la siembra. Poco tiempo después de su arribo sobre el filo de la primavera, los sembradores hicieron la primera entrega de simiente y, ayudados por el clima propicio, la cosecha estuvo a la vista en poco tiempo y ya se vislumbraba que la operación habría de repetirse consecutivamente sin ser demasiado ortodoxos en la elección de las fechas.
Casimiro Nuremberg, un alemán que venía en la armada, caracterizado por ser buen observador, gustaba de hacer estadísticas y anotaciones referidas a la marcha de los cultivos. Parece absurdo lo que ocurrió con el trigo, pues aquella no fue una siembra masiva sino un cultivo experimental. Gaboto tomó sólo 50 granos, pues la provisión de cereal que traía no era mucha y la mayor parte de ella se perdió en el naufragio de la nave capitana frente a las costas del Brasil. Se tenía una reducida existencia para alimento de los navegantes y poca cantidad de cebada.
Al recolectarse la primera cosecha terminada a comienzos del año 1528, por especiales instrucciones de Gaboto se verificó el rinde que quedó asentado en un papel con números romanos: CCLVV granos.
La gente, risueña, recordaba cuando Gaboto contó los 50 granos, uno por uno, antes de ser entregados para la siembra, considerando que aquel contaje constituía un entretenimiento infantil, que no valía la pena hacerlo por lo minúsculo. Ahora esperaban que no se tomaría el tiempo, útil para otras cosas, para calcular los granos que contenían las espigas. Sin embargo el Veneciano dio mucha importancia a este hecho.


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El rendimiento del trigo

Hay un historiador realista, Gustavo Gabriel Levene, que escribe "La disciplina dura que imponía Gaboto se atenuaba jugando a la ampolleta o en los brazos de las indias, complacientes en el amor, después de haberlo sido también en el trabajo". "Las guardias en la fortaleza se acortaban y antes del amanecer, los españoles las abandonaban para trabajar en las huertas, o en las veinte casas individuales, abrazar a las mujeres indias..." y finalmente concluye: “El fracaso cerraba esta expedición., la primera que se internó en territorio argentino, la primera que unió en estrecho vínculo a españoles e indias, la primera que cultivó la tierra junto al Paraná" .
No se necesita mucha intuición para poder adjudicar a Sancti Spiritus el título de ser el lugar donde se forjó la raza rnestiza, fundamento étnico de nuestro país.
Y ya que hice la cita de Levene sobre el primer cultivo de trigo, voy a hacer un comentario sobre el episodio de los granos. En una ocasión concurrí a la sede de la Federación Agraria Argentina de Rosario de Santa Fe para visitar al talentoso biógrafo de Netri don Antonio Diecidue, a quien encontré escribiendo la “Historia de la Federación Agraria Argentina”. Hablando de los granos de trigo de Gaboto, me explicó que en una oportunidad ese asunto había sido objeto de estudios por parte de técnicos de la Federación acerca del rinde y que el gremio se había interesado tanto en aquel hecho que a cierta variedad de trigo se la bautizó con el nombre de “Gaboto” para las cotizaciones. Sin embargo, las conclusiones fueron encontradas, pues no se pudo determinar exactamente si el rinde fue mal calculado o mal interpretado.
Por eso me gustó cuando escuché en la plaza pública de Puerto Gaboto, al hablar un representante de la Comisión pro Reconstrucción del Fuerte Sancti Spiritus, al expresarse en estos términos:
“Desechemos también las críticas al cálculo de Luis Ramírez acerca del rendimiento de las espigas y dejemos que aquellos pocos granos que constituyeron la primera siembra de trigo se hayan multiplicado como el primer corresponsal lo dice. No discutamos si fue realidad o mentira lo que Gaboto declaró ante los oficiales reales de Sevilla cuando dijo que había probado sembrar trigo y que se daba dos veces al año, o cuando le cuenta a Ricardo Eden que en setiembre sembró 50 granos y en diciembre cosechó 50.000, es decir, 1000 por grano. No nos devanemos los sesos analizando los números romanos de Ramírez, en especial cuando el número romano representado por la letra V, que nosotros conocemos como 5, Ramírez le pone un cerito encima convirtiéndolo en el signo numérico de 1.000 según los antiguos manuales romanos y que algunos no le encuentran significación precisa. Dejemos las cosas como están y escuchemos al expedicionario Nuremberg cuando nos dice que “ellos sembraron cierto trigo y cebada y acudió muy bien”, ya que en esencia todos estos dichos nos quieren hablar de la feracidad de la tierra con un rendimiento de maravilla.

LOS 823 DIAS DEL FUERTE SANCTI SPIRITUS
Amadeo P. Soler



SEBASTIAN de REYNA
(el primer agricultor)

¿A quién, entre los doscientos diez tripulantes de la armada de Sebastián Gaboto, debe ser atribuido el honor de figurar como el primer agricultor en el Fuerte Sancti Spiritus?
Dilucidarlo es tarea difícil. La mayoría de los compañeros del Veneciano conocían la manera de extraer los frutos vegetales de la tierra.
En alguno de los renglones intranscendentes de las informaciones, interrogatorios y sumarios en los que se vieron envueltos los conquistadores a su regreso a España, alguien encontró una ligera referencia y la hizo pública: Sebastián de Reyna habría sido el encargado de los trabajos de roturación de la tierra y de la siembra de los escasos granos de trigo que traía la expedición.
¿Quién fue Sebastián de Reyna? Su nombre está ausente en la monumental obra de Medina que historia detallada y abundantemente los pormenores de lo ocurrido en la armada de Gaboto. Inclusive, entro los interrogados en el “Pleito que trata la gente que fue en la armada de Sebastián Gaboto con los diputados y armadores de la dicha armada sobre sueldos y otras cosas. Año 1537”, no se le encuentra. Empero, en ese proceso estuvo de Reyna, y el Dr. Enrique de Gandía, revisando de nuevo los viejos manuscritos, lo anota con escritura de la época en su “El Primer Clérigo”, transcribiendo parte de su declaración: “los yndios dezían que bivían dosyentos años e vido que todos llegaron malos e enfermos y en llegando con comer yervas e pescado e bever agua de aquel Río sanaron todos e se pararon gordos de muy buena dispusyción”(1).
Sebastián de Reyna era genovés y maestre de la nao “Trinidad”.
De acuerdo como ocurrieron las cosas en este país, tenía que ser Sebastián de Reyna, por su origen, quien abriera la brecha. La “pampa gringa” comenzó a ser laboreada por este peninsular itálico y así siguió a través de los siglos. Fue el inicio de una continua labor agrícola empezada con granos de trigo y de cebada y con la siembra de hortalizas y legumbres.
Sebastián de Reyna es un genuino representante de la tradición gabotera:
1) Por lo que hemos dicho sobre el inicio de la corriente inmigratoria de chacareros italianos que invadió la región siglos después.
2) Porque cultivó hortalizas precisamente en el mismo lugar en el cual durante más de un siglo de que se tiene memoria ultimamente, la horticultura recogió la savia de la tierra prolífica, del mismo modo que lo hizo el último representante vecinal quintero don Silvio Davolio.
3) Porque inauguró en Puerto Gaboto una retahila de apodos, motes o sobrenombres de los que nunca se vieron privados sus habitantes. (2). Recuérdese que sus compañeros de Sancti Spiritus apodaban a de Reyna "espantapájaros" por su lucha contra la invasión alada que asolara sus sembradíos (3).
Debemos hacer responsable a una y única persona, del acontecer agrícola en la primera fundación española en el Río de la Plata y elegimos un nombre: Sebastián de Reyna. Para él el triunfo y la gloria de representar a más de una centena de huéspedes agricultores que poblaron la nueva tierra.
Conocemos que el repartimiento de parcelas en 1527 se hizo en forma generosa y que a cada uno de los veinte ranchos le tocó un lugar para tener una huerta bien sembrada sin contar las extensiones aledañas distribuidas para el mismo efecto.
¿En qué lugar de lo que es hoy Puerto Gaboto Sebastián de Reyna tuvo la suya? No podemos adivinarlo, pero intuimos que lo fue en las cercanías del monte de Silvio, basados en el atavismo histórico de una herencia telúrica e incomprensible.
Es un misterio saber si Sebastián de Reyna contaba con fortuna material antes de llegar a América. Si contó con ella la debe haber perdido completamente, como para obligarlo a mendigar en los tribunales de España la migaja de un sueldo que le debían sus armadores insolventes. El lo haría por necesidad, aunque nosotros pensemos que no valía la pena que buscase una retribución, pues contaba con la inmensa riqueza de haber dado vida a sus compañeros sacando de la costa del Carcarañá y del Coronda los frutos maduros de la tierra. Alimentó con su quehacer a los guerreros soñadores que buscaban otros tesoros en el camino de la Sierra de la Plata y que engullían sin compasión el resultado de su paciente labor agrícola.
Fue un “agricultor”. Los gentilhombres, capitanes, armadores y veedores no sabían comprender ni medir su sacrificio. Sin embargo, el rozado, la siembra y la recolección de las cosechas perduró a través de los siglos después de la destrucción de Sancti Spiritus, mientras las ilusiones de quienes se sirvieron de ellas se evaporaron en el fracaso.
En un notable artículo del Prof. J. R. Báez, se inserta este hermoso párrafo:
“Como vemos, el solitario rincón del Fuerte Sancti Spiritus, fue tierra de alumbramiento: evangelio, raza, agricultura y, para que nada le falte a la gesta, hasta los dolores de la tragedia padeció. Todo eso hace acreedor al solar de la antigua colonia, a los honores del monumento recordatorio del primer episodio triguero en potencia en suelo argentino, y que la opulencia de Santa Fe, que es la riqueza del trigo, no puede olvidar los orígenes modestos del cereal que le dio prestigio y fama de granero del Paraná. Sea un azar del destino (Gaboto) con el correr de los siglos, el hecho real es que aquellas pocas espigas que dorara el sol de diciembre de 1527 fueron precursoras de la grandeza económica de nuestra patria, por lo que no hay que olvidarlas” (4).
Esto se escribía en el año 1944. En el año 1972, se dictó con fecha 16 de mayo, el decreto 0917 por el que se instituyó en la localidad el día de la Fiesta de la Primera Siembra y Cosecha de Trigo en la República Argentina.
Queda pendiente la otra deuda de honor propuesta por el sentimiento de hacer justicia del profesor Báez: los honores del monumento recordatorio.
El pago de esa deuda está latente en el corazón de los anfitriones de Puerto Gaboto y de todos los agricultores argentinos.
El monumento que se debe, es la reconstrucción del Fuerte Sancti Spiritus, que abarcará en forma genérica el homenaje a todos sus huéspedes gloriosos.
La personificación del homenaje: en una de las parcelas de los veinte ranchos del entorno una placa de piedra o bronce que señale, en el mismo suelo, el nombre inmortal de Sebastián de Reyna con la leyenda de cuál fue su mérito. Junto a ella, sobre un pedestal un arado del siglo XVI que simbolice la labor agrícola. No podríamos hacerlo de otro modo porque nos faltan las referencias del físico del esforzado labriego y la conformación de sus facciones.
Podríamos tomar, para levantar una estatua corpórea, la figura típica de algún gringo del campo, pero no acertaríamos nunca con la estatura, pues la estatura subjetiva y mítica de Sebastián de Reyna, es colosal.

Notas:
(1) Gandía, Enrique de. "El Primer Clérigo". Buenos Aires, 1934.
(2) Soler, Amadeo P.: "Puerto Gaboto". Rosario, 1980.
(3) Soler, Amadeo P.: "Los 823 días del Fuerte Sancti Spiritus". Rosario, 1981, pág. 26.
(4) Báez, J. R.: "La Primera Colonia Agrohispana en el Río de la Plata - Sancti Spiritus, cuna de la Agricultura Platense", en Revista Argentina de Agronomía Tomo II - 1944.

LOS GLORIOSOS HUESPEDES
DE PUERTO GABOTO (1983)
Amadeo P. Soler


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LOS 50 GRANOS DE TRIGO

Palabras pronunciadas el 26 de octubre de 1986 en la plaza pública de Puerto Gaboto en ocasión de la celebración de la primera siembra y recolección de trigo en territorio del Río de la Plata, en presencia de autoridades y del Cónsul General de España Dr. Antonio García Abad.

La oportunidad sería propicia para pronunciar unas palabras de exaltación de los gloriosos navegantes que dieron principio a la agricultura rioplatense en este lugar, sólo recordados por nosotros e injustamente olvidados por el resto de nuestros compatriotas.
Quisiéramos que todos supieran la historia conmovedora que los Ministerios de Cultura y Educación nacionales y provinciales marginaron para poder llenar a sus expensas Muchos volúmenes de las excelencia de las grandes ciudades.
Pero ya que nos dejaron solos y no nos dieron la oportunidad de desparramarlo a los cuatro vientos vamos a evocar entre nosotros el sencillo y transcendental acto de la primera siembra y cosecha de trigo e intentar dar una explicación de la realidad y magnitud del suceso.
Día vendrá en que los argentinos amantes de la tierra, curiosos de su orígenes, justicieros de sus apreciaciones, y sobre todo argentinos, harán conocer por todas partes lo ocurrido aquí hace 459 años.
En esta reunión lugareña, propia para la didáctica, trataremos de dejar en claro los hechos que han dado lugar a la celebración y destruir la fábula creada alrededor de estos mismos hechos en los trasnochados laboratorios de algún especialista que no profundizó la historia de SEBASTIAN GABOTO y tomó la curiosidad de una carta del tripulante LUIS RAMIREZ sin mayores explicaciones.
Se nos dice desde entonces en los textos que al descender SEBASTIAN GABOTO en el fuerte “SANCTI SPIRITUS” juntó por casualidad 50 granos de trigo que se habían salvado del naufragio de la nave capitana “Santa María de la Concepción” tumbada en la isla Santa Catalina en las costas del Brasil. Se olvidaron decir que el trigo, alimento bíblico de la humanidad, no vendría en una sola nave sino que ese grano debiera estar también entre los bastimentos de las otras embarcaciones que componían la armada.
Se nos dice que GABOTO hizo sembrar esos 50 granos apenas llegados en el mes de junio. Exacto. No se dice categóricamente que esta siembra debió realizarse a título experimenta] para conocer la reacción de la semilla en estas nuevas tierras y su rendimiento, ni tampoco se dice, porque no está escrito directamente, si aparte de ello se hicieron otros cultivos de trigo.
Para completar la fábula se hacen cálculos excesivos del rendimiento de esas 50 simientes diciendo que rindieron 50.000 granos, cantidad que no ha resistido los cálculos realizados por los entendidos en la materia. La cifra, tomada de documentos de aquellos tiempos no ha sido todavía aclarada echándole la culpa del error a la mención en números romanos.
Como se ve, este episodio minimiza la fastuosidad del acontecimiento y hace pensar: ¿Cómo se explicaría que el gobierno provincial declarase fiesta de la primera siembra y cosecha de trigo, por decreto, para conmemorar en ella el plantío en un diminuto almácigo?.
Es que el hecho es otra cosa y lo vamos a aclarar:
En el análisis de la documentación histórica está la respuesta. Es bien sabido que los ocupantes de “Sancti Spíritus” solían abandonar las guardias durante las madrugadas para ir a labrar y cuidar sus sembradíos, de hecho esos cultivos no era de maíz o ˝abatí˝ como lo llamaban los indios, que era sembrado por éstos, quienes lo conocían desde tiempo inmemorial por ser un producto americano. Los conquistadores tenían preferencia por la cebada, legumbres y consiguientemente por el trigo. La semilla utilizada en estos labrantíos no procedía, como es imaginable del resultado de aquellas 50 plantas primitivas, si es que habían germinado todas, sino de la semilla adicional aportada por otras reservas. De no haber sido así no se hubiera llegado a recoger las cosechas, así aplicásemos la conocida leyenda árabe de la progresión geométrica de los granos de trigo que debió pagar un rey ignorante de las matemáticas a un sabio aprovechado.
La siembra intensiva del trigo hizo proliferar el volumen de las cosechas a tal punto que Gaboto, después de los 823 días del fuerte, no quería volver a España sin antes recoger en el mes de diciembre la cosecha que le serviría de alimento para la vuelta.
Diez años más tarde DOMINGO DE IRALA, a su paso por Sancti Spiritus, observó que los aborígenes habían aprendido la lección: sembraban trigo en las costas de nuestros ríos Coronda y Carcarañá y conocían las fechas óptimas de siembra y recolección, que en la zona se daban dos veces al año.
Con lo dicho queda explicada la parte anecdótica que es muy buena como curiosidad y que a LUIS RAMIREZ el cronista y corresponsal de la expedición le parecía “cosa misteriosa”, aunque señalaba que esa siembra (la de los 50 granos) se hizo para “probar”. La otra, la que se hizo en los cortijos de “tierra sana y de mucho fruto”, es la que dio nacimiento a nuestra agricultura triguera.
El progreso que logró Gaboto en la explotación del campo haciéndole acoger un alimento europeo como el trigo, ha permitido que algunos analistas califiquen a nuestro navegante fundador, como colonizador. Nosotros lo consideramos un descubridor y un conquistador desde el punto de vista de la misión que tenía que cumplir en el Nuevo Mundo: pero no negamos que las circunstancias hicieron eclosionar en él, como eclosionaron luego las espigas, aquel espíritu ítalo-español capaz de fabricar colonos por doquier.
Y un último: un recuerdo para el primer agricultor SEBASTIAN DE REYNA. Le hemos instituído ese título de primer agricultor y lo hacemos público en muchos de nuestros trabajos para que a nadie de los que andan por ahí con el ánimo de restar nuestros valores, se le ocurra que hubo otro posterior y más auténtico que él en otra parte.
Con estas últimas palabras rendimos nuestro profundo homenaje no sólo al providencial sembrador sino a todos los integrantes de la armada con SEBASTIAN GABOTO a la cabeza, que Dios puso en nuestro pueblo para decir a todos los argentinos: “Aquí nació la primera espiga del que otrora fuera granero del mundo”.
Nosotros agregamos a título de reflexión: Ojalá las actuales generaciones y las que vengan se enteren de estos pormenores, los divulguen y se apoderen de ellos para estímulo y norte en las tareas de recuperación del sitio de privilegio que en los mercados graneros extranjeros lamentablemente hemos perdido.

Amadeo P. Soler
LA TORRE DE GABOTO (1987)


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1527 - FESTEJO DE LA PRIMERA SIEMBRA DE TRIGO - 1988

Palabras dichas por AMADEO P. SOLER en la plaza de Gaboto el 30/10/1988.

Si fuera por los dichos de los expedicionarios que acompañaron al Veneciano SEBASTIAN GABOTO, en el país ya se habían dado hasta el año 1988, 922 cosechas de trigo. Corresponde a este predio gabotero la iniciación de las primeras cinco o seis recolecciones. Dicen los escritos antiguos, como expresión de maravilla, que las cosechas se daban dos veces al año.
La celebración de tan extraordinario acontecimiento recién se inició en el año 1972, fecha en que un gobernante se dio cuenta de la necesidad de difundir este hecho liminar, dictando el decreto provincial Nº 917 mediante el cual se disponen festejos a realizarse el último domingo de octubre cada año.
Con posterioridad, quienes debieron organizar la conmemoración en los años sucesivos, lo hicieron esporádicamente, acaso por no estar convencidos de la justicia del homenaje, preguntándose:
¿Para qué hemos de hacerla si ya otras comunidades agrícolas tomaron la iniciativa en Leones, provincia de Córdoba y en Esperanza y en San Genaro en la provincia de Santa Fe?
En verdad, la opulencia agrícola del país, económicamente se asienta y manifiesta en otros lugares, y nosotros, siempre empequeñecidos, no hemos tratado de destacar con profusión el hecho histórico.
Nos falta, como es obvio advertirlo, la pujanza de los grandes trigales y la riqueza que ellos generan para hacer la evocación digna de la participación nacional en la fortuna de las mieses.
No tenemos en Puerto Gaboto el cornucopio de la abundancia granera. Nuestro manso río y las islas apacibles nos brindan otros beneficios que no son ampulosos sino simplemente alimentarios.
Por eso, nuestra fiesta no es de producción, sino de melancolía y recuerdos añejos. Ya no nos queda ni nuestro puerto exportador de trigo.
Cuando venimos todos los años a reunimos aquí, no podemos usar palabras grandilocuentes para ensalzar una floreciente riqueza agrícola en el Rincón de Gaboto porque no la hay; pero llegamos con el vehemente deseo de expresar la inconmensurable exuberancia de su historia económica.
Hemos hablado sucesivamente en estas fechas de la siembra mágica y legendaria del trigo por manos femeninas, de los cincuenta granos de trigo de SEBASTIAN GABOTO, y otros oradores lo han hecho también alusivamente.
Esta vez haremos una breve mención como homenaje al primer sembrador don SEBASTIAN DE REYNA y a su continuador don JERONIMO ROMERO, considerado este último el primer inmigrante en estas regiones de América.
SEBASTIAN DE REYNA es el arquetipo y paradigma del agricultor santafesino: el de la pampa gringa. Genovés de origen, abrió la brecha de la inmensa columna de cultivadores venidos de la península itálica, y de Europa, para roturar la gleba. Y a fe que lo hizo bien, por los resultados primeros que obtuvo y por la perdurabilidad de la labor reproductiva.
Imaginamos a REYNA abriendo surcos en su parcela para depositar en ello la simiente ubérrima y dar el ejemplo de la tarea a sus compañeros que ocupaban sus respectivas heredades y cortijos.
Lo imaginamos en las cercanías del monte de Silvio donde intuimos el área de su siembra en la proyección atávica hacia adelante, en una historia de cultivos permanente hasta nuestros días. Lo imaginamos como una figura parecida a los curtidos y robustos agricultores que empezaron a llegar a nuestras tierras masivamente en la segunda parte del siglo pasado y en los comienzos del presente, es decir, a la imagen típica del «gringo»; pero no acertaríamos nunca con la estatura -como lo dijimos en uno de nuestros libros, pues la estatura subjetiva y mítica de SEBASTIAN DE REYNA es colosal.
Y ahora hagamos un pequeño lugar a don JERONIMO ROMERO, español éste, a quien consideramos el primer inmigrante por haberse quedado entre nosotros después del desastre de Sancti Spiritus. Y lo es, pues sus compañeros habían hecho fortaleza, formaron pueblo, sembraron trigo y hortalizas y tuvieron hijos. Y él se estableció en el nuevo país procedente de otro distinto de allende los mares.
Fue el continuador de la obra de SEBASTIAN DE REYNA enseñando a los indios entre los que convivió diez años, las fechas propicias de las siembras.
De otro modo, MARTINEZ DE IRALA no hubiese podido decir que a la vera de nuestros ríos los aborígenes cultivaban el trigo sabían, como los mejores agricultores, las épocas más apropiadas.
¿Acaso hubo algún instructor europeo entre la fecha de la destrucción de «Sancti Spiritus» y la llegada de IRALA con PEDRO DE MENDOZA?
Al único que conocemos es a JERONIMO ROMERO y por eso le adjudicamos esta labor docente.
¿Por fortuna también no le solucionó a AYOLAS el problema alimentario de la expedición de MENDOZA cuando el fundador de Corpus Christi lo encontró, recio y barbado, surgiendo de las ruinas de Sancti Spiritus?
Por eso, en la brevedad de estas palabras dejamos nuestro homenaje agradecido a ambos personajes: a SEBASTIAN DE REYNA con los elogios de su obra y a JERONIMO ROMERO con la bohemia de la última estrofa de nuestro «Romance al Primer Inmigrante» que dice así:

«PEDRO DE MENDOZA estaba
en Buenos Aires muriendo.
AYOLAS lo trajo al Fuerte
para obsequiarle sustento.
¡Importante fue la acción
de heroico gabotero!
Por eso en este romance
dejamos todo el recuerdo
y rendimos homenaje
al precursor del progreso,
en el primer inmigrante
don JERONIMO ROMERO».

¡De Gaboto, por Supuesto!


EL MASTIL DE GABOTO (1993)
Amadeo P. Soler


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La Agricultura en Puerto Gaboto a fines del siglo XIX

Disminuido el ganado, tanto en el Rincón de Gaboto como en el Rincón del Carcarañá (Grondona) las tierras, aptas para la agricultura, desde tiempo inmemorial, donde las “cosechas de trigo se dan dos veces al año” fueron ocupadas paulatinamente por la inmigración extranjera y en algunos casos por vecinos progresistas. El señor JOSE A. TARTALETTI realizó oportunamente un trabajo sobre la inmigración italiana por encargo de la Comuna de Gaboto para ser entregado al Vice Cónsul de Italia en la ciudad de Santa Fe, interesado en este tema. De ahí surgen una serie de actos fidedignos sobre propietarios y arrendatarios que cubrieron el período 1880 a 1900.
Para dar mayor pintoresquismo a su trabajo, TARTALETTI agrega como apéndice acerca de las cosechas estas palabras:
“Contaba nuestra abuela que en los primeros años de su establecimiento en GABOTO (1882) el trigo era cortado y engavillado a mano y luego, en un cerco que tenían preparado en el patio, llamado era, lo desparramaban y dentro de la era soltaban una tropilla de mulas y caballos que al pisotear las plantas del cereal separaban el grano de la paja. Aguardaban un día ventoso para aventar los granos con palas. Luego con zarandas de mano lograban limpiarlo medianamente de cuerpos extraños. De esa forma dejaban al producto listo para la molienda. Una parte era dado a moler a los molinos más cercanos obteniéndose así la harina para todo el año”.
La mayor superficie de los campos estaba destinada a la agricultura, tanto en Gaboto como en el Rincón de Grondona, prolongación de esta explotación. Con respecto a la superficie sembrada se computaba la producción de maíz y luego seguían en importancia las de trigo y lino. Los implementos de labranza eran rústicos: arados de una reja a mansera, algunos de una reja con ruedas y muy pocos de dos rejas. El trigo y el lino se sembraban al boleo, a mano, y para la siembra del maíz se adosaba al arado de una reja un rudimentario cajón sembrador.
Los campos, siguiendo lo explicado por LUIS RAMIREZ en 1528 se caracterizaban por no ser muy arbolados; algunos bosquecillos o manchones; predoninando el ñandubay y el algarrobo. Los caminos vecinales eran angostos, malos y desalineados. Con el progreso esto fue corregido. Las viviendas eran penosas y las bestias de trabajo, los bueyes.

HISTORIA DE PUERTO GABOTO - SIGLO XIX
Amadeo P. Soler


Enlace:
FACULTAD DE AGRONOMIA
La Historia del Trigo en Argentina: De Gaboto a nuestros días (video)
http://videos.agro.uba.ar/watch_video.php?v=b185101b6cb7ad6